Vidas Cruzadas

Alas para una nueva vida

“Es lo mejor que me ha pasado. Siento que florezco día a día”. Eva no lo hubiera conseguido sola. Necesitaba ayuda y la ha encontrado en el Proyecto Vuela. Por fin se ve capaz por fin de analizar lo que está pasando en su vida. A admitir que no es una víctima. Ella es la cara de esta iniciativa puesta en marcha por la Federación de Mujeres Progresistas, y financiada por la Fundación Mutua Madrileña, que surge con el objetivo de dar alas a las mujeres víctimas de violencia de género a través de la inserción laboral.

Cuando llamó a las puertas de la Federación, se sentía como una mujer de 65 años. Un año después, se siente como una de 22. Aquí ha encontrado apoyo psicológico y las herramientas necesarias para defenderse económicamente. Llegó rota, asegura, con un historial de dependencias emocionales de nefastas consecuencias. En su caso, no hubo maltrato físico, pero como afirman en la Federación, hay muchos tipos de violencia.

El Proyecto Vuela actúa en varios frentes para facilitar a estas mujeres el acceso al mercado de trabajo: talleres personalizados para mejorar la empleabilidad, trabajar las capacidades de comunicación y habilidades sociales, así como la autoestima.

El proyecto Vuela empieza con un proceso de recuperación psicológica en el Servicio de Atención Integral de la FMP. Gracias a la ayuda de sus profesionales, Eva ha empezado a conocerse. Es una mujer que está reescribiendo el guión de su vida. “Me están pasando cosas muy buenas”, dice. Su mente se prepara para ser feliz. “La risa es lo mejor para evadirme”.

Eva ha asistido a varios talleres y cursos con un especialista del Proyecto Vuela. Las mujeres aprenden desde a cómo hacer un currículum vitae hasta cómo enfrentarse a una entrevista de trabajo. Ella, por ejemplo, no había caído en detalles como la forma de sentarse o la ropa que llevar puesta en esos casos. “Cada vez que asisto, doy todo el tiempo gracias por haber tenido la oportunidad de desbloquearme”. A la hora de tomar las riendas de su vida, no le frenaba el aspecto económico, sino el corazón.

Conoce el mundo de la empresa. No pudo terminar sus estudios de educadora infantil y se puso a trabajar en el sector comercio. Después, probó suerte en diferentes empleos. Sin embargo, reconoce que cuando llegó a la Federación no sabía por dónde tirar. Gracias a los talleres de inserción socio-laboral de Vuela, está en condiciones de salir al mercado de trabajo. “Empecé a activarme. Noté como mi mente se desbloqueaba y comenzaba a asimilar lo que me decían, porque antes estaba tan cerrada y tenía tanto pánico a ver lo que me ofrecía el mundo que prefería no arriesgarme”.

Ha perdido el miedo a moverse. Está ilusionada con un proyecto laboral de economía participativa, en el que según ella todos los que participan en él se benefician. Sabe que es algo transitorio. Su meta es formarse como esteticista y llegar a tener su propio centro de belleza.

Piensa en su situación anterior y no entiende su actitud de cerrarse al mundo. “Con lo grande que es el mundo y la de personas con las que relacionarse que hay en él”, asegura esperanzada.

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