Vidas Cruzadas

El árbol de la vida tiene múltiples interpretaciones. “Lo que somos y lo que queremos llegar a ser”, éste es el sentido propio que le dan en la Asociación Amibil de Calatayud al árbol de la vida de cerámica que preside la entrada al centro.

Amibil es la asociación de familias de personas con discapacidad de Calatayud. Un centro formativo y ocupacional al que a diario acuden 44 hombres y mujeres con capacidades diferentes de la comarca y al que la Fundación Mutua Madrileña apoya a través de una de sus ayudas.

Crecimiento, superación, constancia… Son algunas de las palabras que van conformando el tronco y las ramas del árbol. “Hicimos una tormenta de ideas de qué es para nosotros Amibil y estas ideas se recogen desde las raíces hasta las ramas”, explica Lucrecia Jurado, gerente de la asociación.

En el centro de día de Amibil, las personas que acuden al taller realizan productos artesanales que se ofrecen para bodas y otras celebraciones. Hace un año se digitalizaron. Gracias a una de las Ayudas a la Acción Social que la Fundación Mutua Madrileña concede a proyectos dirigidos a mejorar las condiciones de las personas con discapacidad, FEAPS Aragón desarrolló http://unicplenainclusionaragon.es/, un portal de comercio electrónico en el que venden los productos que elaboran varias asociaciones de la región.

Dar, autogestión, entusiasmo… siguen las palabras subiendo por el tronco del árbol de Amibil.

Entre los que acuden a diario al taller está Sonia (41 años), la ceramista y autora material del árbol de la vida (a partir de ideas de todo el grupo). Sonia lleva 4 años acudiendo al taller. Se levanta al alba en Cervera de la Cañada, un pueblo de 335 habitantes en la comarca, se ducha, se prepara y coge el autobús que le traslada los 15 kilómetros que separan su localidad de Calatayud. A las nueve menos cinco, entra por la puerta, se pone su bata de trabajo y se sienta en su sitio del taller.

“Suelo dedicarme a la cerámica porque es lo que más me gusta”, confiesa y reconoce que tiene “muuuucha paciencia” para hacerla. A Sonia los trabajadores del centro la describen como “una artista de los pinceles”, algo que corrobora Pedro, uno de sus compañeros que reconoce: “Yo lo que quiero es pintar como ella”.

Pedro es uno de los veteranos de Amibil. Lleva acudiendo al centro desde 2002 cuando tenía 37 años y todavía no se dedicaban a la cerámica. En la actualidad es el encargado de las planchas de barro que se convierten luego en los detalles y souvenirs.

Emoción, bromas, compromiso…

Los días en Amibil nunca son iguales. De lunes a viernes las tareas se personalizan para cada uno. Del taller salen figuras decorativas de cerámica, grabados, llaveros, velas, imanes para la nevera, etcétera. Son detalles para eventos, incluso souvenirs para el monasterio de Piedra, balnearios de la zona o cajas de madera para la ruta del vino de Calatayud.

Con la web han llegado nuevos clientes, pero el trato directo sigue primando. ¿Algún encargo especial? “Todo lo que hacemos nos hace ilusión porque lo hacemos con nuestras manos”, dice Pedro.

El reconocimiento del valor de artesanía de los productos es su lucha: “Son productos hechos a mano, personalizables y únicos. Nos cuesta trasladar a la gente el valor real que tienen”, explica Esteban Corsino, responsable de proyecto en FEAPS Aragón y artífice de la web.

Entretenimiento, cuidados, autoestima…

Poder vivir en la localidad que les vio nacer y ganarse la vida haciendo lo que les gusta es todo un logro. Para ello ofrecen artesanía profesional realizada por unas manos que pertenecen a personas con vidas muy plenas, pero que tienen que esforzarse día tras día por ser visibles. “Podemos hacer lo mismo que hacen otros, solo que nos encontramos con más problemas”, lamentan.

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