Vidas Cruzadas

Alimentar sonrisas

Mamen Lucas III

Cuando un niño africano está contento, baila. Mamen Lucas, trabajadora de Manos Unidas y gran conocedora del Programa de Nutrición Infantil que la ONG lleva a cabo en la ciudad de Kananga, en la República Democrática del Congo, visitó a estos niños el pasado mes de mayo y la obsequiaron con el mejor de los regalos: un baile. El programa, destinado a los menores de cinco años, cuenta desde febrero de este año con el apoyo de la Fundación Mutua Madrileña. Una ayuda en formación y prevención que está cambiando la vida de cientos de familias, ayudando a acabar con la malnutrición de los pequeños y formando a las madres para romper el círculo de la pobreza.

Hay imágenes de niños desnutridos que sacuden conciencias. Algunos tienen dos años y pesan cinco kilos. “Clama al cielo”, afirma Mamen. En el centro nutricional que Manos Unidas tiene en el barrio de Kamayi, en la ciudad de Kananga, cuentan alrededor de 320 casos graves. “Pueden llegar así”, dice mientras muestra la fotografía de uno de ellos, pero en dos o tres meses, el niño ha cambiado y, aunque no está bien del todo, no tiene nada que ver con el dramático aspecto que presenta al llegar al centro.

Mamen Lucas conoce bien África. Recuerda que la primera vez que oyó hablar de Manos Unidas tendría poco más de 8 años. Siempre quiso ser misionera. Ha vivido cinco años en Congo, Gabón y Guinea Ecuatorial. En estos países, ha hecho de todo, desde asistir partos, impartir clases o ayudar a la reinserción de niñas esclavas. Desde hace diez años, trabaja en la sede de Manos Unidas, aunque su motivación y su día a día siguen siendo los mismos. El pasado mes de mayo, viajó al Congo para supervisar sobre el terreno el desarrollo del proyecto que financia la Fundación Mutua Madrileña.

Cada día, los casos más graves acuden al centro nutricional que dirige la hermana Alicia para tomar un complemento alimenticio, que consiste en dos paquetes con una alimentación enriquecida en proteínas, uno por la mañana y otro por la noche. El tratamiento se completa con vitaminas y suplementos de hierro.  Todos los que están en mantenimiento, reciben una comida al día, una especie de cocido o potaje. “El objetivo ha sido llegar al máximo número de niños posibles y a los casos más graves”, explica Mamen.

La Fundación Mutua Madrileña está implicada desde el pasado mes de febrero en el Programa de Nutrición Infantil en Kananga de Manos Unidas, uno de los proyectos beneficiados en la II Convocatoria de Ayudas a Proyectos de Acción Social, en la categoría Cooperación al Desarrollo. “La ayuda de la Mutua ha supuesto un refuerzo del programa que las hermanas Carmelitas vienen realizando desde hace 38 años”, señala Mamen. Estas misioneras pusieron en marcha entonces un dispensario y un centro para la formación de la mujer, conscientes de que la mujer africana es clave para el desarrollo de la sociedad. Como el dispensario no se podía centrar exclusivamente en los casos de los niños con problemas de alimentación, crearon el centro nutricional.

Descubrir nuevos casos

Gracias al apoyo de la Mutua, ha sido posible contratar un animador, cuya función es ir casa por casa haciendo seguimiento de los niños que reciben tratamiento e identificando casos nuevos, porque muchas familias tienen hijos con problemas de nutrición pero no consideran necesario intervenir. El trabajo de esta persona es descubrir casos nuevos y llevarlos al centro.

El objetivo principal del programa es reducir los índices de mortalidad de la población infantil y, a continuación, combatir las causas de la pobreza. Hay que ayudar a la madre a asegurarse unos ingresos, con un pequeño comercio o cultivando un pequeño huerto. Es la función del centro social de formación, donde aprenden corte y confección y nociones de agricultura. “Alrededor del centro hay terrenos donde siembran soja, cacahuete y otros cultivos para que luego puedan hacer lo mismo en sus casas”. Además, reciben instrucción básica en lengua y matemáticas. La técnico de Manos Unidas ha visto a las mamás con dos o tres niños en pequeños puestos en el barrio de Kamayi, al lado de sus casas. Se ganan bien la vida haciendo arreglos de costura o confeccionando trajes de encargo. Los clientes pueden llevar su propia tela, y en ese caso, el precio es más barato, o bien ellas ponen el tejido.

La Fundación Mutua Madrileña ha facilitado también la formación en el barrio. Antes, las visitas al dispensario se completaban con una charla explicativa, pero ahora, gracias al animador y a otros voluntarios, cada cierto tiempo se dan sesiones formativas en un barrio poblado por unas 7.000 personas y no sólo a los enfermos. Según Mamen, “hay muy buena acogida”. Se trata de que las familias tengan su pequeño huerto o que conozcan las mínimas normas de higiene a la hora de cocinar, entre otras cuestiones. “Los resultados son lentos, pero el hecho de que se interesen por asistir a la formación ya constituye un logro”. Enseñanzas como dejar los bidones de agua al sol durante determinadas horas cuando no tienen medios para hervirla y evitar así enfermedades.

La Fundación Mutua ha acercado la formación a las puertas de sus casas, dice Carmen Lucas. “La formación es fundamental. Si nosotros la recibimos desde los tres años, ellos también  tienen necesidad y derecho a contar con buenos mecanismos para formarse”. Más formación, menos pobreza y niños que bailan porque están bien alimentados. “Por cierto” –remata-, “ya no comen en el suelo, lo hacen en las mesas de madera encargadas a un carpintero local, gracias a la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña”.

 

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