Vidas Cruzadas

Aprovechar las oportunidades

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A los 16 años, Gonzalo Morón tenía poco interés por los estudios. La oportunidad se presentó con una de las becas del Programa “Jóvenes Profesionales” que entonces ponía en marcha la Fundación Mutua Madrileña para estudiantes de chapa y pintura. Gracias a esa ayuda, ha llegado a ser: un joven que sabe lo mucho que cuesta ganar dinero, al que no le importa el trabajo exigente porque es una forma de mejorar en lo profesional y en lo personal. No para de imaginar cómo será su futuro: le sobran ideas y algunas ya están planificadas.

Admite haber dado más de un disgusto a sus padres. Gonzalo Morón echa la vista atrás y no se reconoce. De ser un chico al que no le gustaba estudiar a un joven que se gana la vida como oficial de tercera en un taller de automóviles. “Gano más que mi madre”, dice desde su posición privilegiada en una generación hipotecada por la falta de empleo. “He entrado a trabajar en una época difícil”. Está satisfecho. Apunta maneras de buen profesional. Ha llegado hasta aquí a base de trabajo y afán de superación.

Gonzalo Morón es uno de los 12 jóvenes que participaron en la primera edición del programa Jóvenes Profesionales que la Fundación Mutua Madrileña viene desarrollando desde hace tres años en colaboración con la Fundación Exit y Asetra (Asociación de talleres de reparación de Madrid). Doce becas para doce estudiantes de Formación Profesional de chapa y pintura. Gonzalo fue uno de los elegidos. Recuerda que no estudiaba, o mejor, que no le gustaba lo que estudiaba. “Me aburría, perdía la atención”. Hizo un Programa de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) de automoción en el Instituto de Educación Secundaria del barrio madrileño de San Blas. Le gustaba lo que aprendía, así como la idea de que era un sector de oportunidades laborales. Al acabar, hizo una prueba de acceso a un grado medio de carrocería, pensando en que así redondeaba su formación: motor y chapa. Encajaba en el perfil del programa de becas, de modo que uno de sus profesores le ofreció la posibilidad de presentarse. Pasó la prueba sin problemas y en menos de un mes ya estaba realizando sus primeras prácticas.

Por la mañana, estudiaba; por las tardes, trabajaba durante tres horas en el taller. Sin un minuto que perder. Contaba con poco más de una hora para cambiar de actividad y la mayor parte del tiempo se iba en transporte público. Corría, se agobiaba, pero al final consiguió aprobar. “La beca me ayudó a sacar el curso mejor, porque trabajaba en algo que estaba estudiando”. Cuando Gonzalo pisó por primera vez el taller, sabía tres cosas del oficio. “Los granos del papel de lija y poco más”, comenta exagerando su escasez de conocimientos. No es extraño que en su primer día le invadiera un sentimiento de vergüenza. Tuvo la suerte de caer en las manos de un oficial de primera con 20 años de experiencia que asumió con agrado la misión de enseñarle.

“Una gran ayuda”

Fueron dos años de formación práctica y remunerados. Gonzalo prestaba atención y poco a poco fue asumiendo trabajos de más calado. “En el segundo año, era otra experiencia. Me encomendaban el lateral de un coche, me dejaban pintar dos o tres piezas, preparaba los paragolpes”. La beca “era una gran ayuda”, pero no sólo en lo económico, también en lo emocional. Gonzalo Morón empezó a ver la vida de otra forma. Él, que valora todo lo que se puede lograr con dinero, aprendió lo difícil que cuesta conseguirlo. Al acabar las prácticas de la beca y el curso, estaba listo para su inmersión en el mercado laboral. Trabajó su currículum en otro taller, hasta recalar en el actual, en un polígono de Alcobendas, al que llegan vehículos de alta gama de la vecina La Moraleja. Los modelos de Porsche y  Maserati no le intimidan, al contrario, le motivan. “Me exige más y eso me gusta”. Recuerda su primer día y el ambiente laboral más formal del que hasta entonces había conocido. “Lo que más me llamó la atención es que tienes tu puesto de trabajo y tienes que cuidarlo”.

Acaba de iniciar su andadura en el mundo profesional y ya sabe lo que quiere. “Claro que pienso en el futuro, demasiado”. Imagina su porvenir y se ve en otro tipo de trabajos que le ofrezcan una mayor calidad de vida. Le atrae la idea de ser perito de seguros. Se ha informado de los requisitos, el momento económico actual es complicado, pero él ha echado las cuentas de lo que tendría que ahorrar para vivir holgadamente durante los dos años que calcula que necesitaría para su formación. No es la única alternativa laboral que baraja. Cuando era pequeño disfrutaba con la idea de ser policía. Otro sueño para sus planes de futuro.

Su entorno familiar (tiene una hermana melliza a la que adora) y de amigos es el de jóvenes que han optado por el estudio para labrarse un porvenir. Él no se plantea volver a las aulas, salvo en el caso de aprender idiomas. Ya lo intentó con el alemán, a raíz de una oferta de trabajo que tuvo de Alemania. El extranjero es una opción, para trabajar y para descubrir. Le atrae viajar, pero “por desgracia no tengo dinero”. Adquirir cultura a través del viaje. “Recorrer el mundo te da experiencia, aprendes idiomas”, algo muy importante para Gonzalo.

Ha sabido aprovechar las oportunidades. Agradece a sus padres todo lo que le han dado. “Les debo demasiado”. Gracias a la beca, es otra persona. De un futuro desdibujado a un presente en el que predomina la idea de que la vida laboral es dura. “El pan hay que ganárselo”.

 

 

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