Vidas Cruzadas

Javier, como casi cualquier niño de su edad, es un loco del fútbol. Si por él fuera estaría las 24 horas pegado al balón. Pero el camino hasta tocarlo no ha sido fácil. Nació con una cardiopatía y con solo cinco días tuvieron que operarle. Su madre, Mamen, no recuerda una sola visita al cardiólogo en que el niño no le pidiera permiso para calzarse las botas. El médico por fin le ha dejado jugar, pero Mamen no tiene claro si porque ha superado la prueba de esfuerzo o “por cansino”.

Además de sus problemas de corazón, Javier ha encontrado muchas dificultades a lo largo de estos años que le han provocado problemas tanto dentro de su familia como en el colegio. Tiene TDH (Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad) y es alérgico al huevo. “Ese año se juntó todo”, recuerda la madre. Y en el colegio las cosas no iban mejor. Resultó un curso complicado; la profesora siempre tenía algún comentario que hacer sobre Javier, y el niño tenía la autoestima por los suelos. La situación conducía a un cuadro de ansiedad. Javier tenía problemas con sus profesores, sus compañeros, sus padres y acababa estresada toda la familia.

En ese contexto, su familia, que pertenecía desde hace años a la Fundación Menudos Corazones, una organización que trabaja para mejorar la calidad de vida tanto de los niños que sufren estas patologías como apoyo a las familias en los tratamientos, acompañamiento, y con otras actividades, pidió ayuda a sus especialistas para ayudar a Javier. Éstos le recomendaron los campamentos de verano, una actividad que recibe la financiación de la Fundación Mutua Madrileña. Durante una semana, tanto Javier como su hermano Carlos, de 13 años, participaron junto a otros niños con problemas cardiovasculares.

La experiencia ha cambiado no sólo a Javier, también a su hermano. “A los críos les cambia la visión de lo que es la vida”, dice Mamen. Carlos ha crecido con los problemas del hermano pequeño, pero el campamento le ha dejado expuesto a las experiencias de otros niños con cardiopatías como Javier. Y, lo más importante, mantiene contacto con todos ellos durante el año.

Después de esta primera experiencia en la que Javier ha podido disfrutar tanto de talleres de manualidades o juegos con actividades escolares, Javier está deseando repetir. Es un chico que se expresa muy bien y tiene las ideas muy claras. Responde sin problemas a lo que le preguntan y, a su vez, pregunta lo que le interesa saber.

En un futuro aunque le gustaría, Javier “sabe que no puede ser” y no pide ser futbolista, aunque ya ha conseguido jugar a nivel federado pero sin ficha. Es del Atlético de Madrid y fan de su capitán, Gabi.  Hoy por hoy está convencido de que quiere ser veterinario, porque le encantan los perros o como precisa su madre, “tiene obsesión con los animales”. Cada año, en la carta a los Reyes Magos pide un perro y Mamen no puede evitar sentirse culpable de no poder cumplir su deseo, pues como muchas madres rechaza más carga de trabajo para la familia. Si lo de veterinario no resulta, no le importaría inventar juegos para la Play.

Los padres de Javier han intentado no protegerle en exceso y creen que lo han conseguido. Durante una temporada, se rebelaba y les preguntaba por qué tenía que agarrar él todos los gérmenes del mundo. Ahora, está mejor. La profesora del nuevo curso se ha hecho con él enseguida, mientras que Javier no le da guerra y, dentro de su problema de aprendizaje, llega hasta donde puede. Muchas cosas le hacen feliz: jugar al fútbol, estar con sus tíos y charlar con su hermano de la semana que pasarán en el próximo campamento de verano. Lo están deseando.

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