Vidas Cruzadas

La Fundación Mutua Madrileña convoca anualmente los Premios al Voluntariado Universitario con el objetivo de reconocer la labor solidaria de los estudiantes. En 2016, el proyecto “Una mano amiga en tu hospital”, en el que participan activamente Alberto y Miriam, fue reconocido con el primer premio. Acompañar a las personas hospitalizadas en soledad es su pequeño gran reto.

Cada tarde de martes, Alberto y Miriam acuden al Hospital de Alcalá, se ponen la bata blanca y se dedican a visitar pacientes. Pero Alberto y Miriam no son personal sanitario. Un brazalete les identifica como voluntarios: jóvenes universitarios dispuestos a llenar las tardes de soledad de los enfermos hospitalizados. Su compañía hace más llevadera la estancia de estas personas, generalmente ancianos que, por un motivo u otro, enfrentan su ingreso en solitario.

Tardes de charlas, de batallitas de la mili y, en ocasiones, de historias para no dormir. “Cada semana es una historia distinta”, explica Miriam Díez, que es estudiante de Biología Sanitaria en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid). “Siempre están los fijos, que son los ancianos que proceden de residencias y que suelen ser la prioridad porque son los que más solos están”, explica.

Es la ONG Desarrollo y Asistencia la que organiza el trabajo en planta de los jóvenes voluntarios a través del proyecto “Una mano amiga en tu hospital”. El objetivo: acompañar.

Antes de empezar los voluntarios reciben una formación en las que les enseñan, entre otras cosas, “qué no hacer”, como resume Alberto Mencía, estudiante de Medicina también en la Universidad de Alcalá. Tras esto, ya están listos para pasar su particular consulta.

Los voluntarios visitan en parejas o tríos a los enfermos. Tocan a la puerta, se presentan y, si el paciente está de buen humor y quiere hablar, inician la charla. En otras ocasiones, no es el enfermo sino su acompañante el que les necesita, como esas mujeres que llevan tres meses durmiendo en la butaca de un hospital junto a su marido o hijo encamado y que, gracias a personas como Alberto o a Miriam, pueden ausentarse para ducharse o sustituir el bocadillo diario por un plato caliente.

En 2016, el proyecto “Una mano amiga en tu hospital” fue el ganador de los III Premios al Voluntariado Universitario que concede la Fundación Mutua Madrileña. Estos premios nacieron para reconocer, apoyar y promover la labor de los jóvenes universitarios que colaboran en proyectos de voluntariado.

Un año después del premio, Miriam y Alberto “notan” su efecto. La visibilidad ha hecho que el número de voluntarios crezca exponencialmente. Cuando optaban al galardón, había 10 voluntarios universitarios en el Hospital de Alcalá. “El premio ha dado a conocer a la ONG y ha impulsado fuertemente lo que hacemos. A raíz de esto mucha gente nos ha conocido. Desde septiembre hemos dado bastantes cursos a nuevos universitarios que se unen como voluntarios. Solo en el Hospital de Alcalá somos el doble, o incluso más, de los que éramos hace un año”, cuenta Miriam.

Se sorprenden al comprobar el poder de la comunicación: “Darse a conocer es fundamental, porque en el fondo todos tenemos una parte de querer ayudar, pero a la hora de la verdad no sabemos dónde dirigirnos”, matiza Alberto.

A nivel personal, a Miriam y a Alberto el premio les ha servido como reconocimiento a su labor y les ha insuflado ánimos: “Nosotros mismos hemos tomado las riendas para contarlo a otros jóvenes y estamos peleando por ampliar nuestra actuación al área de Pediatría”.

Para ambos éste ha sido su primer voluntariado “estable”. Miriam llegó a él hace tres años y Alberto hace tan solo uno, pero arrastrando a mucha gente con él, pues es el promotor del voluntariado en una asociación de estudiantes de Medicina (IFMSA Alcalá) de la que forma parte.

Coinciden Alberto y Miriam en que se llevan tanto o más de lo que dan. “Aprendes a escuchar y a empatizar con una persona que lo está pasando mal”, comenta Miriam. “También a hacerte con la conversación, a sacar los temas con los que se sienten cómodos”, añade Alberto.

Y, sobre todo, el papel fundamental de la familia cuando uno está mal. Lo que más duro les resulta a los enfermos es que su familia no vaya a verlos. “Suelen ser situaciones legítimas, como que viven en otra ciudad o están trabajando, pero a ellos es lo que más les duele. Y se quejan de su soledad. Y tú aprendes a valorar más a la familia y la importancia de hacérselo saber”, coinciden.

Y es que, como ellos dicen, “no todo en la universidad es académico. Enriquecerse durante el camino te enseña a desenvolverte”, concluyen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *