Vidas Cruzadas

De la universidad a la empresa, sin límites

A Adrián Montero le gustan los retos. En septiembre, empezó el segundo y último curso de Tecnodemos, un proyecto educativo dirigido a jóvenes con discapacidad intelectual, y ya está pensando en completar estos conocimientos en el futuro con un ciclo formativo de grado medio en gestión administrativa. “Hay que intentarlo”, dice convencido, pues no es la primera vez que este joven de 20 años se marca objetivos y los cumple. Su madre, Isabel, prefiere que vaya poco a poco, aunque admite que Adrián “es muy tenaz”.

Tecnodemos es una de las patas del Programa Demos de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, en el que colabora la Fundación Mutua Madrileña. Adrián siempre quiso ser administrativo y el Programa Formativo Técnico Auxiliar en Entornos Tecnológicos era lo que más le acercaba a un trabajo en una oficina. Además, como a tantos otros jóvenes de su generación, le vuelve loco la tecnología. Tuvo que pasar una entrevista y realizar una serie de ejercicios en la Fundación Down, promotora de la Cátedra Familia y Discapacidad, para conseguir plaza en el programa. Es feliz con su experiencia universitaria y la posibilidad de estudiar rodeado de estudiantes de otras Facultades, como Derecho o Administración y Dirección de Empresa. “Ha supuesto un cambio”, asegura orgulloso de llevar una vida “de adulto”.

Los alumnos de Tecnodemos adquieren a lo largo de dos cursos académicos y un total de 1.480 horas –de ellas, 200 de prácticas- competencias que les permiten desempeñar diversas tareas auxiliares y con grados de complejidad variable en entornos tecnológicos. En el aula, aprenden a crear una cuenta de correo electrónico, a trabajar con paquete de office e incluso a cómo deben hablar y comportarse en la empresa. De momento siente que los estudios no entrañan demasiada dificultad. “No me hace falta estudiar mucho”. Si se lo complican un poco, lo vería como un reto.

Este año, además, le han elegido como becario para la cátedra. Los profesores le han encargado crear un portfolio, un trabajo que incluye desde selección de fotos hasta tareas de archivo y reprografía. Estará ocupado hasta abril, cuando encare la recta final de su formación universitaria, realizando prácticas en una empresa. El trabajo no le asusta. Ya sabe lo que es enviar un currículum vítae y hacer una entrevista laboral. La oferta no prosperó, aunque espera ilusionado que lleguen nuevas oportunidades. “Tengo ganas de trabajar”, declara.

Iniciativa alumno de enlace

Uno de los objetivos del programa Demos es proporcionar a estos alumnos con discapacidad intelectual espacios de inclusión en los que sacar partido a su potencial e interactuar diariamente con otros alumnos universitarios de edades similares. La universidad lo considera una convivencia enriquecedora para toda la comunidad docente. Por eso, ha impulsado la iniciativa Alumno de enlace. Es un espacio de encuentro entre estudiantes de grados de la universidad y los alumnos del Proyecto Demos. Los primeros acompañan a estos últimos en actividades culturales o deportivas y mantienen un contacto informal con ellos a lo largo de la semana  en los espacios comunes del campus. El pasado curso, Adrián eligió pintura, pero este año se ha decidido por percusión. Entre todas las actividades, era la que más le atraía. Se siente más cómodo tocando el bombo, el tambor o los palos que con otras actividades de cara al público, como el teatro o la realización de cortometrajes, por ejemplo.

Adrián es un joven educado, respetuoso y sociable, en palabras de su madre. La familia es su gran apoyo. Le gustaría, eso sí, abandonar el nido en el futuro, igual que ha hecho su hermano, tres años mayor que él. Los dos tienen una relación muy especial. Es su referente. Sabe que siempre puede contar con él, y Adrián está ahí para corresponder. Por ejemplo, para acompañar con el coche a su hermano mayor, que no tiene carné de conducir, cuando lo necesite.

Los coches son una de sus pasiones. Verlos y conducirlos. De momento, no le queda más remedio que conformarse con utilizar el de la familia, pero no puede evitar quedarse un buen rato entusiasmado cuando ve desfilar por la calle un Range Rover (su modelo favorito). Antes hacía deporte, recuerda su padre. Tenis, bici, natación, fútbol, gimnasio. Ahora, se ha vuelto más cómodo. Prefiere pasear por Madrid con sus amigos, ir de tiendas. La tecnología está en su punto de mira: móviles, tabletas, ordenadores. Gasta poco, dice, porque quiere renovar el teléfono. “Me lo pago con mis ahorros. Está bien ser responsable”, asegura.

El próximo mes de junio saldrá de la universidad con su título de Técnico Auxiliar en Tecnologías de la Información y la Comunicación debajo del brazo. Quiere seguir ampliando horizontes, convencido de que Adrián Montero es el único que se pondrá límites.

4 comentarios en “De la universidad a la empresa, sin límites

  1. Conozco a Adrián Montero desde que era pequeño y me he emocionado mucho al ver éste artículo sobre él y sobre el proyecto. Hasta dónde ha llegado, como dice su madre, porque siempre ha sido un niño muy tenaz y muy positivo. Siempre viendo el lado bueno de las cosas. Me alegro de que exista este proyecto educativo en el que otros jóvenes como Adrián pueden sacar muchísimo provecho, para él, para la Sociedad y para todos.
    Enhorabuena!!!

  2. Es difícil transmitir con palabras los sentimientos que afloran tras comprobar y leer hasta donde ha llegado Adrián y lo que le queda por andar! El tesón, la paciencia y la fortaleza de su familia y de él mismo ha permitido superar barrera tras barrera! Los que formamos el equipo de logopedas, que cada tarde desde muy pequeño, hemos intentado aportar un granito de arena a su desempeño de querer aprender cada día más, nos sentimos muy orgullosos. Estas noticias te hacen amar tu profesión! Ánimo Adrián

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