Vidas Cruzadas

Marta y Daniela son dos de los más de treinta jóvenes que participan en el proyecto “Chagua Maisha”, ganador de los IV Premios al Voluntariado Universitario convocados por la Fundación Mutua Madrileña en 2017. Ambas nos explican cómo Tanzania se ha convertido en su segundo hogar.

Born City es uno de los barrios a las afueras de Arusha, una ciudad al norte de Tanzania, que crece exponencialmente hacia sus alrededores. De una semana a otra, donde antes solo había caminos de tierra, ahora encontramos nuevas viviendas que, en su mayoría, carecen de servicios básicos como el agua o la luz.

Ante estas carencias, en 2014 fueron los propios ciudadanos quienes fundaron Progress for Africa, una ONG al servicio de las comunidades menos favorecidas de Arusha.

Marta es una de sus primeras voluntarias, una estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC), que colaboró estrechamente con la entidad tanzana desde sus inicios: “Apenas llevaban un mes cuando comencé a colaborar con ellos. Yo estaba buscando unas prácticas y ellos fueron la primera ONG que me respondió. En ese momento solo tenían relaciones con colegios y dispensarios locales”.

No le gusta reconocerlo, pero ella es una de las grandes responsables de este proyecto. Al volver de su primer viaje a Tanzania consiguió implicar a más estudiantes gracias a una charla en su universidad. Junto a ella se encuentra Daniela, representando a Progress for Africa Spain. “Todos queríamos venir a esta entrevista, así que tuvimos que sortearlo”, nos explica como ejemplo de cómo funciona la participación en las actividades que se realizan. Los voluntarios nunca se escogen a dedo.

Hablamos con ellas de “Chagua Maisha”, el primer proyecto propio de Progress for Africa, surgido a finales de 2015 con la ayuda de treinta jóvenes estudiantes de diferentes disciplinas y universidades españolas. En 2016 presentaron su candidatura a la IV edición de los Premios al Voluntariado Universitario que concede la Fundación Mutua Madrileña, de los que resultaron ganadores. “Al salir de una entrevista para la radio de la URJC, fue el director del departamento de cooperación quién me hablo por primera vez de los premios de la Mutua”, recuerda Marta.

Cuando les preguntamos qué significó ganar este premio no pueden evitar sonreír: “Ganar el primer premio de la Mutua ha sido mejor que ganar la lotería. Ganar la lotería es cuestión de suerte, pero ganar este premio significa un reconocimiento a nuestro trabajo. Significa que alguien más cree en lo que hacemos. Estamos más tranquilos, no solo en el ámbito económico, sino también por el aval de confianza que representa”.

“Chagua Maisha” en el idioma local significa “elige vida” y, en efecto, ha cambiado la vida de más de 120 familias tanzanas y las de cerca de cuarenta universitarios españoles. El objetivo primario de este proyecto fue la construcción de una escuela, que además representa un centro de encuentro para los vecinos de Arusha, y una tienda (duka) para garantizar su sostenibilidad económica en el tiempo. Una iniciativa que beneficia de forma directa a veintiséis niños de tres a siete años, quienes reciben clases de preprimaria, y al resto de vecinos a través de charlas y talleres formativos.

Marta y Daniela nos cuentan su experiencia, donde lo más importante fue desaprender. Más allá del idioma, nos explican como nunca podríamos entender una cultura tan diferente, sin antes dejar de lado nuestra mentalidad occidental: “Es impensable entrar en una tienda para comprar una bolsa de tornillos sin antes dar los buenos días, preguntar por la familia, qué tal el trabajo… Una compañera apuntaba que el tiempo que tardamos en España en despedirnos, ellos lo dedican a saludarse”.

Precisamente, uno de sus principales problemas en el inicio del proyecto fue un error en la comunicación, el cual agradecen haber cometido a tiempo. Daniela, estudiante de arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, nos lo detalla con una humildad ejemplar: “Desde España diseñamos el primer proyecto de arquitectura para el colegio, era precioso y sobre el papel funcionaba perfectamente. Cuando llegamos a Arusha descubrimos que, simplemente, no se podía hacer. Los medios y materiales que necesitábamos eran otros, y el terreno demasiado arcilloso para la cimentación. Imagínate, veníamos de Europa con todos nuestros conocimientos de arquitectura y descubrimos para nuestra sorpresa que no sabíamos construir allí. Tuvimos que empezar de cero con la ayuda de arquitectos locales. Callarnos y escuchar. Fue un momento para recapacitar y comprender que no podían tomarse decisiones unilaterales nunca más”.

En efecto, ni en Tanzania ni en España se toman decisiones por libre. “Chagua Maisha” es un proyecto dirigido a partes iguales entre los dos países, y hacen hincapié en ello. Esa es precisamente la clave para que funcione. Las propuestas surgen de la población y las transmiten a la ONG. Según sus necesidades, entran en juego los diferentes estudiantes de arquitectura, ingeniería, medicina, magisterio, etc. Los voluntarios son todos estudiantes universitarios o recién licenciados, quienes además han tomado asignaturas optativas y centrado sus trabajos fin de carrera con el fin de beneficiar al proyecto. Su compromiso es total.

La mayor parte del año, las comunicaciones entre ambos países son por correo electrónico, WhatsApp o videoconferencia. “Al principio era un lío. Imagínate, nosotros traducíamos del español al inglés y ellos hacían lo mismo desde el swahili. Muchas veces los mensajes que cruzábamos no tenían ningún sentido”.

Muchos de los voluntarios viajan a Tanzania en verano, llegando a estar entre veinte y treinta sobre el terreno. Y en ese momento, es cuando todo cambia. Marta nos confiesa que para los universitarios españoles que empezaron desde el principio, ya no hay vuelta atrás: “Tanzania se ha convertido en nuestra segunda casa. Durante un periodo del proyecto nos quedamos sin dinero, sin nada. Todos los días teníamos que ir andando desde el hostal hasta el proyecto, siete kilómetros de ida y siete de vuelta, a cuarenta grados y pleno sol. Este proyecto nos ha cambiado la vida, puede sonar a tópico, pero qué cierto es. Nos ha ayudado a ver el mundo desde otra perspectiva y también a relacionarnos entre nosotros con gran respeto y admiración. Nos sentimos parte de una gran familia, a pesar de estar separados por miles de kilómetros”.

Les preguntamos sobre el futuro del proyecto. “Las madres nos piden que compremos un nuevo terreno y hagamos primaria. Quieren que sus hijos continúen recibiendo esta educación y no tener que mandarlos a otro centro”. Sin embargo, el objetivo por ahora es afianzar lo que ya existe y lograr que el proyecto sea sostenible por sí solo, gracias a la apertura de la duka. “2018 será el año en el que se promoverán las actividades públicas que conviertan al espacio en un lugar de referencia para todos los vecinos y vecinas”. No nos cabe la menor duda de ello.

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