Vidas Cruzadas

Gracias a una beca para la Cooperación Internacional de profesionales de la Medicina y la Enfermería que concede anualmente la Fundación Mutua Madrileña, el doctor Santiago Izco pudo colaborar con los Responsables  del Programa Nacional de Tuberculosis de Guinea Ecuatorial para demostrar que en el país ha surgido y se extiende la forma resistente a los fármacos (‘multi-resistente’). Los datos que obtuvieron han servido al gobierno de este país africano para diseñar una primera intervención para controlar la nueva epidemia.

Santiago Izco podría ser el doctor Izco en cualquier hospital de España. Sin embargo, lejos de practicar la medicina en una consulta española tipo, el doctor Izco ha recorrido en poco más de diez años Kenia, Mozambique, Guinea Ecuatorial y Sudán, enseñando (o participando en la “capacitación”, como dice técnicamente) a los sanitarios locales para mejorar sus prácticas clínicas en el manejo de pacientes con sida y tuberculosis.

“Como médico en África soy consciente de que lo que hago tiene un sentido, un pequeño impacto. Lo que podría hacer como médico en España ya lo hacen muchos otros y muy a gusto”, explica.

Cuenta su decisión vital de desarrollar su carrera en África sin heroicidades. Más bien por una mezcla de curiosidad, ganas de entender el mundo, interés por la salud pública, sensación de responsabilidad y, ante todo, una pasión, de siempre, por este continente.

Santiago Izco es uno de los médicos que ha recibido una beca para la Cooperación Internacional de profesionales de la Medicina y la Enfermería que concede anualmente la Fundación Mutua Madrileña. Concretamente lo hizo en 2015. Con estas becas, la Fundación apoya proyectos de cooperación sanitaria liderados por españoles.

Con la ayuda, Santiago pudo llevar a cabo un proyecto para estudiar el impacto que estaba teniendo la tuberculosis resistente en Guinea ecuatorial. La gente se estaba muriendo de ella, y sus responsables del Programa Nacional de Lucha Contra la Tuberculosis agradecieron su colaboración en un estudio que ofreciera datos exactos que ayudara al Gobierno local a invertir en su prevención, diagnóstico y tratamiento.

El proyecto había surgido por casualidad. En un viaje para visitar a sus amigos en Guinea Ecuatorial, estos le cuentan el problema de la tuberculosis resistente: “Se estaba muriendo mucha gente, pero aún no tenían pruebas ni la técnica de laboratorio adecuada para demostrar que ésa era la causa. Juntos diseñamos el proyecto y buscamos fondos para hacerlo, allí y en España”.

Es aquí donde, además de obtener fondos de investigación del hospital donde realizaba su residencia (el Gregorio Marañón de Madrid) entra la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña. “Esta parte se invirtió en cosas sencillas como mejorar la comunicación de internet entre los centros de Tuberculosis y su “bioseguridad”, es decir las medidas de protección para su personal. Durante 3 estancias allí realizamos formaciones sobre tuberculosis y tuberculosis resistente, sistematizamos la recogida de datos, y establecimos sinergias con actores locales e internacionales que pudieran interesarse en apoyar y sostener en el tiempo un proyecto de lucha contra la Tuberculosis resistente”.

A finales de 2015 demostraron ya que este era un problema gravísimo en Guinea Ecuatorial, mayor incluso de lo que habían sospechado. A partir de ahí quedaba una labor de ‘abogacía’ para convencer a las autoridades y donantes de la necesidad de invertir en ello.

Juntos lo hicieron. “El Gobierno ecuato-guineano ha invertido en el sistema diagnóstico necesario, yo mismo volví para estar allí durante su instalación y capacitar al personal. Desde entonces el diagnóstico de la enfermedad ya es posible y no dejan de llegar casos, por lo que el país ha adquirido los fármacos necesarios (“segunda línea”) y un segundo sistema diagnóstico para otra zona del país. En realidad es toda la lucha contra el VIH y la Tuberculosis en general (y no solo esta forma resistente), incluyendo sus determinantes sociales, los necesitan ser afrontados con mayor inversión, allí y todas partes, también en España”, explica.

Uno de los principales problemas de África es que aún se invierte muy poco dinero en sanidad, según cuenta el doctor Izco. “No puedes tener buenos profesionales, motivados, con vocación de servicio y profesionalidad, y luego no darles suficientes medios para realizar su labor. Por otro lado, de nada sirve tampoco tener buenos hospitales si los pacientes no pueden llegar a ellos”.

La tuberculosis es la enfermedad infecciosa que más muertes causa en el mundo cada año. Más que el ébola, la gripe aviar o el VIH. La tuberculosis suele ir asociada al VIH, “En Guinea Ecuatorial, alrededor de un 50% de los pacientes de tuberculosis tienen sida”, explica. El drama de la diseminación de la forma ‘multi-resistente’, más allá de su propia gravedad, es que puede parecer la gota que colma el vaso para sistemas sanitarios con pocos recursos, pues exige un tratamiento carísimo (2.000-3.000 euros) y casi dos años de duración, frente al tratamiento de seis meses y 50 euros de una tuberculosis clásica.

Cuando acabó el proyecto, Izco se volvió a Madrid a terminar su residencia (la segunda) en Microbiología y Enfermedades Infecciosas, aunque reconoce que nunca se ha desvinculado de lo que sucede en Guinea: “Mantengo conversaciones frecuentes con ellos, están logrando cosas increíbles, aunque ante una epidemia creciente siempre parece que queda todo por hacer”.

Tras acabar su formación residente, Santiago Izco volvió a África y a la tuberculosis, aunque cambió Guinea Ecuatorial por Lesotho, donde trabaja para una organización estadounidense que lleva 15 años asesorando al ministerio en su programa contra la tuberculosis resistente.

“Trabajamos para el Programa, capacitamos a enfermeros y clínicos, atendemos a los pacientes. Esto se hace fundamentalmente en las comunidades, donde viven los pacientes y sus familias, es un país con zonas muy remotas de montaña. Alterno meses de trabajo en el hospital con meses de viajes a las comunidades. También investigamos, recogemos datos sobre la eficacia de esquemas de tratamiento más eficaces y con menos efectos secundarios, y sobre la situación de la epidemia”.

No obstante, Guinea Ecuatorial sigue en su corazón. “Me siento en casa cuando estoy en África, pero allí de una manera especial. Admiro mucho a mis amigos ecuatoguineanos y les debo mucho. Siempre que me lo piden, voy”.

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