Vidas Cruzadas

Oliver conoció a los osos polares gracias a la Fundación Make-A-Wish Spain, que trabaja para provocar ilusión en niños y niñas que padecen enfermedades graves. Una ayuda de la Fundación Mutua Madrileña permitió materializar la ilusión de Oliver que comenzó al poco de nacer, cuando unos amigos le regalaron su inseparable oso de peluche llamado Polar.

Los osos polares son, en realidad, negros. Y su pelo no es blanco, sino transparente, aunque un efecto óptico hace que su pelaje se vea blanco. Muchos años de estudio de los osos polares hacen que Oliver sepa curiosidades como esta y muchas más…

Todo empezó hace diez años, unas semanas después de nacer el propio Oliver, cuando unos amigos de Madrid le regalaron un oso polar de peluche al que llamó Polar, “un nombre muy simple”, como él mismo describe. Desde entonces, no se han separado.

Polar ha dado calor a Oliver durante sus diez años de vida, especialmente cuando tuvo que enfrentarse a una enfermedad oncológica grave. Sin embargo, de su etapa de enfermedad no todo es malo, pues Oliver siempre tendrá el recuerdo maravilloso de haber hecho realidad su mayor ilusión: conocer de cerca a los osos polares.

Para lograrlo, la fundación Make-A-Wish Spain le ayudó a conseguirlo. Gracias a una ayuda de la Fundación Mutua Madrileña se pudo materializar la ilusión de Oliver: visitar junto a su familia el zoo de Múnich (Alemania) para conocer de cerca a sus amigos polares. Oliver tuvo que trabajar duro y en equipo para hacer realidad este sueño.

Make-A-Wish Spain trabaja para provocar ilusión en niños y niñas que padecen enfermedades graves, enriqueciendo sus vidas a través de experiencias personales de esperanza, fuerza y alegría. Los niños beneficiarios se eligen en colaboración con el médico que los atiende para que sea él quien confirme la idoneidad del caso y se tenga conocimiento de sus circunstancias en todo momento.

A la pregunta de cuál era su ilusión, Oliver respondió que ver osos polares. “Mis hermanos siempre decían ‘tú Disney, tira para Disney’, pero pensé eso para vosotros, para mí no”. Polar había dejado mella en los gustos del pequeño.

Una vez planteada, había que ponerse a ello para hacerla realidad. Durante meses, la familia en pleno tuvo que trabajar en equipo para hacer “los deberes de la ilusión” que la convirtieran en realidad.

Todos trabajaron duro y en equipo. “Los trabajos nos hicieron pasar mucho tiempo juntos y pasándolo bien”, recuerda Cristina. “Mi madre, que es muy mañosa, nos ayudó un poco a todo y entre unos y otro lo sacamos”, explica Oliver.

Hasta que llegó el gran día: “Me dijeron que iban a intentar que viera un oso polar, pero me lo esperaba en España. Cuando supe lo que iba a hacer en realidad pensé: MADRE MÍA”, asegura Oliver.

Y lo que pasó en realidad es que Oliver, sus padres y sus tres hermanos se embarcaron en un avión a Múnich (Alemania). Era octubre de 2015 y Oliver recuerda que fue “protagonista desde el minuto cero en todos los sitios. Hasta en el hotel me conocían por mi nombre y en el avión, me invitaron a visitar la cabina y aterricé allí”.

“No podía controlar los nervios, era un sueño cumplido”, añade. El brillo de sus ojos va más allá de lo que alcanzan sus palabras.

Y ahora, a por la siguiente. Oliver ha aprendido lo necesario para alcanzar cualquier ilusión: “Lo primero es esforzarse, pero también tener la ilusión muy clara, trabajar en equipo y no renunciar a ella”.

De una habitación de hospital a un viaje en familia para conocer los osos polares. Ahora a Oliver y a Polar  ya no hay nada que se les resista.

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