Vidas Cruzadas

El joven que tocaba un Stradivarius

Pablo Fernández

Cuando sólo tenía 18 años, el padre de Pablo escuchó un disco de Pau Casals que cambió su vida: dejó todo y siguió los pasos musicales del gran violonchelista catalán. Tanto, que su hijo lleva el mismo nombre. Y esos detalles marcan.

Pablo Ferrández es una de las figuras más prometedoras del panorama musical internacional. A sus 23 años, ya ha actuado como solista con orquestas como la Sinfónica de San Petersburgo. Estudia un máster en la prestigiosa Kronberg Academy de Francfurt, la elite de la formación musical, donde sólo aceptan a 16 estudiantes. “Puedo permitírmelo gracias a una beca de la Asociación Juventudes Musicales de Madrid que financia la Fundación Mutua Madrileña por ser hijo de mutualista”, explica con una sonrisa. Espera prolongar un año más su estancia en Alemania para realizar el doctorado pero, mientras, su carrera de concertista avanza sin pausa. En 2014 ya ha visitado Suiza, Rusia y España. En verano le esperan Francia y Grecia, entre otros.

El método del Mago Diapasón

Pablo y su hermana Sara -que estudia viola en Berlín- aprendieron a hablar y  a entonar al mismo tiempo. Su madre, profesora de música, quiso que aprendieran el lenguaje de la música como algo natural y creó el método del Mago Diapasón, que estimula las aptitudes musicales desde los primeros meses. La mayoría de las personas escuchan sonidos; Pablo, al que le regalaron su primer chelo con tres años, escucha notas.

A los 13 años ingresó en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, “una de las mejores del mundo” según Pablo. Durante siete años estudió con la profesora Natalia Shakhovskaya, algo por lo que se considera “muy afortunado”. Tuvo que cursar la ESO y el Bachillerato a distancia. La primera, con ayuda de un profesor particular; el Bachiller, por su cuenta y con refuerzo materno. “Fue un periodo intenso, pero aprendí muchísimo”, señala orgulloso.

El gran honor

Sus ganas por  saber cómo se vive y se toca en otros lugares le llevaron hace tres años a Alemania, donde ha recibido uno de los mejores regalos de su carrera: desde comienzos de año toca uno de los dos Stradivarius que le ha concedido en préstamo la Nippon Music Foundation. Es el primer español que ha merecido este honor.

El Lord Aylesford, llamado así en memoria del noble inglés que lo adquirió, fue realizado en 1696 y es uno de los exclusivos 63 chelos construidos por el maestro de Cremona. “Es muy complicado de tocar. Tiene mucha sonoridad y mucha personalidad, le gusta que le toquen de una determinada manera; de lo contrario, no suena tan bien”, explica.

Un jurado presidido por el estadounidense Lorin Maazel concedió a Pablo este privilegio por su “excelente técnica, progreso y musicalidad” tras escucharle tocar en Munich. Contó también con el aval de Marta Casals, viuda de Pau Casals, y Ana Chumachenko, profesora de la Cátedra de Violín de la Escuela de Música Reina Sofía, ambas miembros del jurado.

Dos discos

Pablo ha grabado ya dos discos. El primero fue editado tras ganar el premio Edmond de Rothschild Group que concede cada año el Festival de Sommets Musicaux de Gstaad. En colaboración con la Orquesta Filarmónica de Stuttgart, incluye dos de las obras maestras del violonchelo (los conciertos de Dvorak y Schumann), y en él rinde su particular homenaje a Pau Casals, interpretando “El canto de los pájaros”, que el violonchelista convirtió en símbolo de la paz.  El segundo, grabado también en Alemania, saldrá al mercado el próximo verano.

Pablo Ferrández saborea el éxito con los pies en la tierra y reconoce que “el talento, sin capacidad de trabajo, se echa a perder”. Escucharle decir que “uno se debe al público” demuestra que este madrileño ha sabido elegir el camino correcto para mantenerse en lo más alto.

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