Vidas Cruzadas

La hermana Gloria Inés González, de la comunidad de la Caridad Dominica de la Presentación, dirige una escuela y apoya un proyecto de rehabilitación nutricional para niños en Haití que la Fundación Mutua Madrileña apoya económicamente con una de sus Ayudas a Proyectos de Acción Social. Este programa es liderado por la hermana Gloria Asenette Martínez, religiosa de la misma congregación.

El 12 de enero de 2010 Haití entero tembló. Fue la prueba definitiva de que los cimientos de la hermana Gloria Inés González resultan inquebrantables. Menuda, dicharachera y llena de vida, esta colombiana lleva 37 años de vida consagrada, los últimos 19 como misionera en Haití. En este “paraíso pobre del Caribe”, la hermana Gloria dirige una escuela y apoya un proyecto de rehabilitación nutricional para los niños menores de cinco años de la zona de Croix-de-Bouquets, a las afueras de la capital Puerto Príncipe.

El proyecto de rehabilitación nutricional, organizado a través de Manos Unidas, es apoyado económicamente por la Fundación Mutua Madrileña por medio de su Convocatoria Anual de Ayudas a Proyectos de Acción Social. La idea es ofrecer alimento – a través de un complemento nutricional- a los pequeños que sufren desnutrición y formar a sus madres en conocimientos básicos de higiene, nutrición y sanitarios para que puedan proporcionarles una alimentación adecuada.

“Nos encontramos con mujeres que durante el embarazo no comen, o que luego no tienen leche y que por ignorancia dan coca-cola a su bebé. El médico de la clínica Santo Espíritu certifica si tiene malnutrición y las envía al programa. Allí utilizamos unos sobres con crema de maní que cuestan un dólar y que es un producto milagro pues aporta a los niños todos los nutrientes que necesitan”, resume la hermana Gloria.

Las hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación que dirigen la misión de Croix-des-Bouquets son seis, todas colombianas. “No somos muchas, pero somos muy machas”, ríe. “Como religiosas nuestro carisma está en la línea de educación y salud”.

Entre las seis llevan la escuela, el centro pediátrico, la clínica… ”Yo soy la directora de la escuela”, cuenta la hermana Gloria, “tenemos 1100 alumnos y hago de directora, chofer para trasladar la comida, esposa de los que sufren, madre… Lo que comen los niños en el colegio es lo único que comen en el día, porque al llegar a casa no encuentran comida”.

En Croix-des-Bouquets no hay luz, ni agua, ni transporte…los alumnos estudian con vela y se cocina con carbón. Las hermanas compraron un terreno, construyeron una sola planta para reducir los daños de cualquier futuro terremoto, cavaron un pozo para tener agua y adquirieron un generador de electricidad para la luz.

Su proyecto ha ido creciendo exponencialmente. “La clínica comenzó como un simple dispensario, una cosa muy sencilla, pero la gente hace fila desde las 5 de la mañana para ser atendidos. El programa de nutrición salió como un proyecto de emergencia tras el terremoto con 50 niños y hoy ya son 200 con sus madres los que se atienden”.

El terremoto de 2010 supuso un antes y un después en el país y también en la vida de esta misionera, que lo sufrió en carne propia. “Fue el acontecimiento que marcó mi vida y cambió mi paradigma”.

La hermana Gloria narra cómo vivió aquel día: “Todo comenzó con una sensación similar a la de un camión que descarga piedras a tu lado”… Pronto “empezaron a llegar motos y carros con gente herida a la clínica, los alojamos en la cancha de futbol. A las 6 de la tarde había tanto herido, que decidimos coger el coche y llevarnos a los más graves al hospital militar. Pero al llegar a las inmediaciones, todo estaba colapsado, no podíamos avanzar, así que les dije que se dieran la vuelta con el coche y yo me quedé a pie buscando a una hermana brasileña (la misionera Zilda Arns que falleció en el terremoto) que  había venido a dar unas conferencias y había ido a la ciudad. Mi misión esa noche fue dar agua a los heridos”.

Lo que más llamaba la atención es que, pese a lo dramático del momento, los haitianos cantaban.

– “¿Por qué cantan?, les preguntaba.

– “Hermana, estamos vivos”, respondían.

Haití es una universidad de la vida. “Los títulos, los masters, todo lo encuentro allá, porque en medio de tanto sufrimiento, no he visto haitiano que se suicide. Lo matará el hambre, una riña, …pero tienen el coraje para sobreponerse”.

Tras el terremoto, la hermana Gloria se marchó a su país y volvió a los 15 días con más fuerza que nunca. “Relativicé. Una dificultad te hace ser creativo e innovador, no debe frustrarte. Me dije: ‘Vamos a hacer un proyecto que responda a las necesidades que tenemos ahora’. Y fue así como volvimos con la escuela con toda la energía y alegría que tenía porque no me hubiera pasado nada y empezamos a recibir a niños de todas partes”.

Hace siete años de ello. En medio, el huracán Mateo y otras calamidades que de vez en cuando nos devuelven Haití a la actualidad de las noticias negativas. “Pero es posible otro Haití. Solo hace falta personas que crean en ellos, en su idiosincrasia y su cultura y les ayuden”.

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