Vidas Cruzadas

María es joven, pero ya sabe lo que es empezar de cero. No es fácil hablar de un problema como el suyo, como el de tantas mujeres que un día tienen que huir de su hogar. Pero ante situaciones extremas, puertas que se abren. Las de la Fundación Assistència i Gestió Integral (AGI) se abrieron de par en par para esta joven de Barcelona y su pequeña hija el día en que decidió quitarse la venda de los ojos y recuperar las riendas de su vida.

Su niña es su prioridad y para ello planea un futuro en el que formarse, alcanzar la independencia económica y salir a volar.

Conviviendo con otras mujeres y sus hijos a los que AGI ha proporcionado servicio de acogida de urgencia, se ha dado cuenta de que entre sus compañeras hay episodios de todo tipo. Como ella, agradecidas por el apoyo recibido. Se siente cómoda con el nombre de María, aunque no es el suyo. La mujer que lleva su nombre auténtico sufrió la violencia de un hombre inestable emocionalmente, adicto a las mentiras y al engaño, expuesta a episodios que acababan con la intervención de la policía y el ingreso de él en un centro psiquiátrico, relata María. No es fácil convivir con una persona así. Cuesta hablar del pasado, pero reconoce que ha hecho lo que debía por su hija.

Tomada la decisión, en los servicios asistenciales le hablaron del programa de acogida de AGI para ella y su hija. Uno de sus servicios es la acogida de urgencia para mujeres e hijos que han tenido que abandonar su hogar por motivos de seguridad física o psíquica en uno de los proyectos que financia la Fundación Mutua Madrileña, a través de su Programa de Ayudas a la Acción Social.

María llegó a la casa de acogida dispuesta a empezar de cero. Al principio, le sobraban las ideas. “Quería hacer muchas cosas, pero mi prioridad era mi hija”. Aquí, mujeres como María encuentran un apoyo transitorio para afrontar situaciones de violencia machista. Son estancias de un año, doce meses de cura emocional y social.

Con la niña en la guardería, y más tiempo disponible, tiene claro que quiere trabajar. Para ello ha empezado a enviar su currículum vitae. “El trabajo es imprescindible para que a mi hija no le falte de nada”, reconoce. La independencia económica es su objetivo, la estancia en la casa de acogida le permite ahorrar, además, recibe una subvención por violencia de género.

Agradece el apoyo recibido, dice que una mujer maltratada tiene que salir de casa y vivir en ambientes como el que ella y sus compañeras disfrutan en AGI.

Recuerda a la María de antes, contempla a la de ahora y aprecia el gran cambio registrado.        La asociación le ha ayudado a ver las cosas tal y como son: “Me veo libre, mi hija y yo, eso es lo más bonito”. Todo lleva su tiempo. En su vida actual, de hecho, hay días buenos, otros no tanto. Precisa que son más los días buenos, momentos que la hacen sentir a gusto consigo misma, centrada, animada a seguir adelante y a no dejar que el miedo le impida seguir luchando por su futuro.

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