Vidas Cruzadas

Una de las cosas que Laura ha aprendido con la enfermedad es a valorar lo importante. Con 15 años, le diagnosticaron un linfoma de Burkitt. Lo pasó bastante mal, se preguntaba qué hacía en un hospital con los niños sin pelo.

Era lo que más la impresionaba, recuerda tres años después. Con el primer ciclo de quimioterapia, le cortaron el pelo. Los mechones caían al suelo a la misma velocidad que las lágrimas por su cara. A Laura le gusta estar guapa.

Hoy los recuerdos malos no le interesan. Se queda con los buenos y el día de compras con sus amigas en limusina se encuentra entre los mejores. El suyo es uno de los más de 2.800 sueños que la Fundación Pequeño Deseo ha hecho realidad para niños con enfermedades crónicas o de mal pronóstico. Actúan en hospitales, con la complicidad de las familias y amigos y la aprobación de los médicos.

En Pequeño Deseo se dieron cuenta hace unos años que para los niños era una inyección emocional. El deseo contribuye a que acepten de otra forma la enfermedad y se sientan mejor a la hora de afrontar los tratamientos.

Para Laura pasar un día de compras fue como un sueño. La engañaron con la excusa de que tenía que contestar a una encuesta que posteriormente serviría de ayuda a otros niños. Le preguntaron qué cosas le gustaría hacer si estuviera fuera del hospital. Laura quería ir de compras con sus amigas en una limusina.

Pasó dos meses muy mala hasta que por fin le diagnosticaron la enfermedad. Su madre con lágrimas le dijo que tenía un linfoma y que tendría que pasar mucho tiempo ingresada. Fueron seis meses sin salir del hospital, algunos días aislada por las complicaciones de la enfermedad.

El deseo se cumple para el niño y para su entorno, pues ante una enfermedad la familia queda bastante desestructurada, aseguran en la fundación. Carmela, se olvidó de que su hija estaba enferma. Con la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña, pasaron una jornada inolvidable, Laura y sus amigas, pero también ella y las voluntarias que les acompañaron y que tampoco habían montado nunca en limusina.

A Laura le encanta ir de compras. En el futuro se imagina desempeñando un trabajo cara al público.  La experiencia le ha hecho comprender que mientras ella está en su casa, hay otros niños en los hospitales pasándolo mal, y ahora es ella la que quiere ayudar a los demás.

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