Vidas Cruzadas

Como cada día, las puertas de la Fundación Bobath son un ir y venir constante de vehículos que trasladan a algunos alumnos desde sus domicilios al colegio de educación especial. Entre ellos está José María, de 16 años, que al igual que el resto de sus compañeros, espera paciente para emprender la aventura de un nuevo día.

Uno de estos vehículos adaptados es el que cada mañana les recoge a él y a su hermana Beatriz en su domicilio y les lleva al colegio. En concreto, este vehículo de ruta escolar, adaptado para nueve plazas, ha sido adquirido por la Fundación Bobath gracias a la colaboración de la Fundación Mutua Madrileña. A la familia de José María, la ruta escolar les ha cambiado la vida.

Esther Gallo, madre de José María y Beatriz, no se imagina cómo podría manejarse sin la ruta que diariamente lleva y trae a sus hijos del colegio. Los dos tienen parálisis cerebral. La explicación es larga, aunque ella lo resume en pocas palabras: “Es una bendición”.

La familia lleva vinculada a la Fundación Bobath más de diez años. José María tiene un cierto grado de independencia y un nivel aceptable para el aprendizaje y sus padres consideraron que un centro de estas características era idóneo para el desarrollo de las capacidades intelectuales de su hijo.

Fue una fisioterapeuta quien les habló de la Fundación Bobath, una institución que lleva desde principios de los años 80 trabajando con afectados de parálisis o daño cerebral. A lo largo de su historia, 1000 niños y niñas han pasado por esta institución que cuenta con un centro de atención temprana, un colegio de educación especial, un centro de día, así como otros dos centros de formación e investigación en el Concepto de Bobath, inspirado en el planteamiento profesional de la parálisis cerebral de Karel y Berta Botah.

La experiencia del centro y su integrado por un equipo interdisciplinar convenció a la familia Álvarez Gallo de que sus hijos podrían adquirir habilidades dirigidas a conseguir la máxima autonomía personal.

Estar vinculados a un centro como Bobath y, además, con el menor desgaste que supone la ruta escolar les da tranquilidad: “Llega un momento en que la red de apoyo eres tú”, nos comenta Esther. Recuerda la sensación de tranquilidad que experimentaron cuando por fin pudieron contar con el servicio de ruta: “Es una gran ayuda, me parece increíble”.

La ruta les recoge a las 7.45 horas ya que a la 9 en punto empiezan con sus actividades; después de comer, a las 16.30 horas, los niños emprenden el camino de vuelta a casa, excepto los días que toca actividad extraescolar: clases de natación adaptada, deportes como baloncesto o clases de estimulación musical entre otras.

Muchas personas aseguran conocer cómo es la vida de familias como la de Esther, pero la realidad es que la mayoría no tiene relación directa con personas que sufren algún tipo de discapacidad. Por lo que pide un cambio de mentalidad en favor de la integración: “Me gustaría decirle a otros padres que mis niños son iguales a los suyos, que también se aburren en compañía de los mayores”.

Cuando finalicen la etapa obligatoria en educación especial, los chicos se incorporarán al centro de día de la Fundación Bobath. Allí un equipo interdisciplinar trabaja para lograr un triple objetivo en los jóvenes: conseguir una mayor autonomía personal, relacionarse mejor con el entorno y participar de forma activa en la sociedad.

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