Vidas Cruzadas

Por fundacionmutua en Social

En mayo de 2015 los periódicos publicaron la historia de Arancha, una joven de 16 años estudiante de un instituto madrileño, que se había lanzado al vacío por el hueco de la escalera de su edificio. Sufría bullying y no aguantaba más. Su muerte supuso el punto de no retorno en la sensibilización de la sociedad con el tema del acoso escolar.

Desde este suceso, las llamadas a la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) se dispararon y su departamento de Educación empezó a reenfocar su programa de actuación en colegios e institutos, hasta entonces dedicado a la prevención de la violencia en las aulas, por otro más específico contra el bullying.

Ésta es la secuencia de hechos que recuerda Ana Esther Ramos, psicóloga del departamento de Educación de ANAR, que añade que, por entonces, la falta de financiación seguía siendo un lastre de la crisis e impedía a la Fundación ANAR cubrir la gran cantidad de peticiones de colegios que tenían.

Fue pocos meses más tarde, a finales de 2015, cuando el patronato de la Fundación Mutua Madrileña aprobó crear una línea de actuación específica para atajar el problema del acoso escolar y consideró que la Fundación ANAR era el partner idóneo para llevarlo a cabo. La campaña conjunta #Nobullying de ambas fundaciones supuso una inyección de financiación, notoriedad y aumento de la demanda de talleres. “Un punto de inflexión” a la labor que las psicólogas de ANAR llevaban a cabo desde hacía años en los colegios, tal y como reconoce Ana.

Colegio a colegio

Una de las patas de la campaña #NoBullying son las charlas que Ana y sus compañeras del Departamento de Educación de la Fundación ANAR dan a los chavales de entre 11 y 14 años en sus colegios. Cerca de 80 colegios el curso pasado y con el objetivo en mente de llegar a las casi 200 clases formadas en el actual.

Los talleres con los chicos duran una hora y media e incluyen dinámicas, vídeos, juegos de rol y otro tipo de actividades que les ayuden a reflexionar sobre el problema del acoso escolar. “Hablamos de convivencia porque el acoso escolar suele surgir a raíz de un problema de este tipo que se convierte en una bola de nieve: un chico con baja autoestima, que se muestra inseguro e interactúa poco con sus compañeros, empiezan a gastarle bromas, ponerle “motes”, el resto de la clase se ríe, y así empieza todo. Si nadie pone límites se convierte en una conducta habitual, los compañeros no lo ven como acoso, porque lo normalizan, y si nadie lo para, probablemente vaya a peor”.

En las sesiones intentan que los chicos entiendan el sufrimiento de la víctima: “Les transmitimos que, aunque la víctima no sea su amigo, es su compañero, y tienen una responsabilidad de ayudar a aquel chico o chica que lo pasa mal. Es importante trabajar en grupo, hacedles ver que si hay alguien que sufre es un problema de todos”.

Además, les recuerdan que, si la presión del grupo favorece la violencia, ésta se mantiene, pero que se puede invertir si hay chicos valientes y solidarios que se unen para poner límite a este tipo de situaciones. “Uno solo no lo puede hacer, pero cuando son muchos compañeros, sí se puede”, explica Ana. En este sentido, la campaña de la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR en redes sociales enfatiza el papel de los testigos advirtiéndoles de que si se ríen o silencian el acoso se convierten en cómplices del acosador y colaboran a que la situación se perpetúe.

Ana sí que cree que se pueda prevenir el acoso escolar y defiende la enseñanza de la resolución de conflictos de forma no violenta como clave, educar en valores como “compartir en vez de competir”, “pensar en los demás en lugar de ir a su bola” … pequeños mantras que no solo hay que enseñar en el cole, sino también en casa y, de forma fundamental, en los medios de comunicación.

Considera, por tanto, que para prevenir “la sociedad tiene que ponerse a trabajar junta”. Y además de padres, profesores y medios de comunicación, hay que incluir a las redes sociales: “Antes un niño tenía a su familia y al colegio. Ahora también tiene a las redes sociales. Son un elemento que también educa”.

Y defiende también el trabajo compartido entre todos a la hora de atajar los casos: “No hay soluciones mágicas para parar el bullying. Ante una acción, los padres no podemos buscar una solución inmediata. El colegio tiene que planificar y pensar qué acciones van a llevar a cabo. Lo primero debe ser siempre proteger al menor. Y después: trabajar con el grupo, con el menor acosado, con el acosador… manteniendo a los padres informados en todo momento, pidiendo su colaboración e implicación”.

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