Vidas Cruzadas

El programa “Mirada en Violeta” de la Asociación Candelita organizó un curso de formación en auxiliar de cocina y coaching para 15 mujeres víctimas de la violencia de género gracias a una de las ayudas a proyectos sociales de la Fundación Mutua Madrileña.

La mayor barrera para las alumnas del curso de formación en cocina era que su profesor fuera un hombre. El pánico que sentían al tratar con el género opuesto llegaba a paralizarlas.

“Yo a ti no te voy a contestar”, dijo una de ellas.

Las alumnas eran 15 víctimas de violencia de género que gracias a la Fundación Mutua Madrileña se beneficiaban del programa formativo “Mirada en Violeta” de la Asociación Candelita, una formación individualizada con talleres para la mejora de la imagen personal y la autoestima, así como la formación en auxiliar de cocina.

Éste es el relato de cómo una mujer, que llego a salir en pijama a la calle de lo poco que se quería, ha tenido el coraje de empezar de cero, formarse, dejarse ayudar, trabajar su autoestima y encontrar un trabajo que le permite mantenerse con su hija adolescente y soñar con poder ahorrar para comprarse una vivienda.

La llamaremos A.J., porque no puede aparecer con su propio nombre, ni mostrarnos su cara. A.J. se quita las alhajas antes de que el fotógrafo dispare. No se permite el más mínimo descuido. Toda precaución es poca.

A.J. nació en un país de Latinoamérica, no alcanza la mitad de la treintena y hace ocho que comenzó su particular salida de los infiernos. No da detalles del antes, pero cuenta su proceso hasta el ahora.

“Estaba en un centro de día de mujeres, al que acudía cuando no tenía trabajo, y a través de él me enviaron a una entrevista para participar en “Mirada en Violeta”. Al principio dudé, era un año de formación, pero me lo tomé como un trabajo. Las primeras semanas quería dejarlo porque a veces a uno le superan las cosas. Pero luego ves que te ayuda, te motiva…”.

El año de “Mirada en Violeta” supuso un cambio radical para A.J. que llegó con la autoestima “por los suelos” y el firme convencimiento de que era nefasta para la cocina (“de tanto que te lo dicen, te lo crees. Eso y tantas otras cosas”). Las sesiones de coaching, el apoyo del grupo y “la paciencia de los profesionales que han estado con nosotros” han tenido mucho que ver en la mejora de la percepción de sí misma. A las pocas semanas del curso, A.J. empezó a contestar a su profesor.

Para entrar en “Mirada en Violeta” la Asociación Candelita marcó unos criterios de selección, encabezados por el hecho de que las mujeres participantes, víctimas de violencia de género, estuvieran en proceso de recuperación y más o menos en el mismo punto.

Éste es quizá el secreto del éxito del programa. El apoyo grupal ha sido esencial para que todas estas mujeres siguieran avanzando en su proceso de recuperación. Desde el primer día las mujeres hicieron piña, “era como si nos conociéramos de toda la vida”.

A.J. tiene un recuerdo “bonito” del curso de cocina y eso que tuvo que freir centenares de huevos, hacer macarrones a gran escala para un comedor. “Ahora, cuando hago un plato de comida, me quedo tan a gusto. Me digo: he podido y está bueno. Y es que si nos quitamos los límites, conseguimos lo que queremos”, sentencia.

Cuenta durante la entrevista que por primera vez en años se ha maquillado para venir a vernos. Que por primera vez en años ha mirado una foto suya y, no solo eso, sino que se ha visto guapa en ella. Y no es de extrañar. La diferencia con antes es que ahora todo está de su mano: “Soy capaz. Tengo fuerza. Tengo a mi hija. Estoy contenta y me encuentro bien”.

No obstante, recuerda que “el camino es largo porque una pierde totalmente todo. De lo que era antes a lo que soy ahora es muy distinto. He procurado dejar el pasado y seguir adelante. En un año hablando, superando miedo y compartiendo cosas se ha obrado el milagro”.

“Mirada en violeta” le ha servido para volver a confiar en ella. “Y una vez que tienes eso, ya puedes contar con todo”. Candelita ha puesto luz al final del túnel que atravesaba.

A.J. concluye lanzando un mensaje a las mujeres que están viviendo el infierno que ella vivió: “Se puede salir, pero hay que dejarse ayudar. Si una no se deja ayudar es difícil que salga porque se queda dando vueltas. A veces pensamos que no podemos salir porque tenemos miedo de tanto machaque y creemos que tenemos la culpa. Si te aferras a eso y no te dejas ayudar, no saldrás nunca. Pero si te dices: quiero salir y quiero que me ayude, se sale”. Advierte, eso sí, que el proceso es largo.

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