Vidas Cruzadas

Pasión por la ciencia

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La biología es la ciencia de la vida. A Aurora Bernal una profesora le inoculó esta pasión a los dieciséis años y hoy, diez años después, es una prometedora investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), del que la Fundación Mutua Madrileña es uno de sus patronos. El CNIC es para ella un ecosistema donde poder desarrollar, aprender y disfrutar. Cree que una sociedad que investiga es una sociedad que avanza. Por eso se siente una privilegiada. Cuando los recortes están pasando factura a la financiación de la ciencia, ve en el CNIC un modelo a seguir.

Han pasado cuatro años desde que Aurora Bernal tomara contacto con este centro de excelencia tutelado desde la presidencia científica por el cardiólogo Valentín Fuster. Era una recién licenciada en Biología por la Universidad Autónoma con una beca de verano. Curiosidad e ilusión a partes iguales. ¿Le gustaría el proyecto? ¿Encajaría en el grupo de trabajo? La experiencia no le dejó opciones: el CNIC era el centro donde desarrollar todo el potencial que le habían dejado sus años de formación. Primero, hizo un Máster en Biomedicina Molecular, también en la Universidad Autónoma, y el CNIC le becó las prácticas. Después, decidió realizar la tesis doctoral. Consiguió una de las becas que el Estado concede para la formación de doctores en centros de excelencia acreditados Severo Ochoa. “He ido pasando por todas las etapas del programa de formación que tiene el CNIC”, comenta Aurora.

El descubrimiento de la investigación de altura ha superado sus expectativas. “Lo que me gustaba era tener una pregunta, contar con las herramientas para obtener la respuesta, testarla, con rigor científico, para al final poder aportar un poquito a lo que sabemos hasta hoy”. Con esta inquietud, llegó a la universidad sin tener muy claro qué quería hacer después, porque “la carrera es muy amplia”. Hasta que se hizo patente que lo suyo era la biomedicina. Y encontró el CNIC. “He tenido la posibilidad de desarrollar aquí mi carrera temprana, y estoy contenta. Tengo todas las herramientas. Convivo en un ambiente científico, internacional, el lenguaje es el inglés. Tenemos programa de seminarios científicos. Siempre por delante los valores de la ciencia, el rigor. He hecho tres estancias fuera y en septiembre me voy otra vez. Todo eso lo que hace es enriquecer la formación como científico”.

Aurora trabaja en grupo de cuatro personas, uno de los más pequeños del CNIC. Están estudiando la migración celular. “Cómo somos capaces de mejorar las condiciones de migración de las células”, explica. El éxito de su trabajo se traduciría en que cuando un tejido resultase dañado, por ejemplo el corazón, esas células con capacidad de migración podrían reparar el tejido. “Es necesario conocer muy bien la biología celular, porque lo que hacemos es potenciar las propiedades de la célula que ayudan a que migre”, explica.

Es la primera investigadora en una familia interesada por la ciencia. Al iniciar sus estudios en la universidad, sus padres le regalaron un diccionario básico de las ciencias, que hoy sigue abriendo para consultar algún término. “Es importante tener el apoyo de la familia”. Aurora ha abierto el camino; ahora, su hermano acaba de terminar Físicas. Se sabe una privilegiada. “Creo que es básico formar investigadores”. Para ella, una sociedad se vertebra por su educación, por la investigación y desarrollo y por la sanidad. “Son los tres pilares básicos”. En el terreno que conoce, el de la investigación, piensa que en estos momentos estamos viendo los últimos resultados de la época de la gran financiación. “Ahora mismo, no se está financiando la investigación”. El resultado es, a su juicio, un empobrecimiento de la sociedad. Su receta pasa por invertir en todos los niveles de la investigación, pre y post doctoral, para poder contar con un sistema de investigación que permita a jóvenes como ella no sólo formarse como científicos, sino ejercer una vida laboral de manera estable.

Visión a largo plazo

Cuando se plantea cómo ve la sociedad su trabajo en época de recortes como la actual, llega a la conclusión de que la gente quiere resultados inmediatos. “Se preguntan que si estamos trabajando tantas personas, con tanto dinero, ¿por qué los resultados no llegan a la clínica ya? Aurora les responde que para que eso suceda, son necesarios muchísimos controles, ensayos, en definitiva, tiempo. Los investigadores son una parte de la cadena, porque en el centro “somos necesarios todos, incluso la persona que prepara el auditorio para que venga alguien de fuera a contarnos su trabajo”. Aurora desearía que la sociedad entendiera que la investigación es cosa de todos, que hubiera un diálogo sociedad-ciencia.

Aurora Bernal disfruta de una beca de cuatro años para realizar su tesis. Considera que es el plazo idóneo para desarrollar un trabajo científico y poder obtener resultados. Una vez leída la tesis, cree fundamental añadir a su experiencia una fase de formación en el extranjero. Es su deseo. Sin embargo, para ella es importante volver a casa. “Después de todo, el Estado y la sociedad han invertido en mi formación de científica”. Admite que es muy complicado. “Irte a otro país, trabajar con los mejores es más o menos fácil, pero luego volver a España y establecerte como científico, no tanto”. Tiene claro que quiere salir fuera. A Berlín, la capital a la que llegó becada por primera vez en el verano de 2011 y que considera su segunda ciudad, un entorno en el que sacar partido a una oferta cultural –viajar, leer o ir a conciertos son sus aficiones-. Pero también que quiere volver. Si lo consigue, le gustaría trabajar en centros de investigación como el CNIC. El centro es sinónimo de investigación de calidad, también un ejemplo de lo que financiación pública y privada pueden hacer por la ciencia.

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