Vidas Cruzadas

Micaela Pérez tiene ocho años y ha sido una de las beneficiarias de los talleres infantiles que la Fundación Carlos de Amberes organiza todos los veranos y a los que los hijos de mutualistas de Mutua Madrileña pueden acceder gratuitamente a través de un convenio de colaboración entre la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación Carlos de Amberes.

Más de cuatrocientos años antes de que naciera Micaela Pérez, Carlos de Amberes cedió un inmueble que tenía en Madrid para ser refugio de peregrinos procedentes de las antiguas 17 provincias de los Países Bajos que visitaban la Corte.

Éste es, someramente, el origen de la Fundación Carlos de Amberes. Hoy el imponente edificio clásico de la calle Claudio Coello es refugio del arte y muestra en sus paredes El Martirio de San Andrés, obra que Rubens hizo ex profeso para la Fundación.

Micaela, por su parte, tiene ocho años. Es una estudiante de segundo de Primaria simpática y muy resuelta. Hija de músicos, a ella le corre el arte por las venas: baila, toca el clarinete (“en privado, por si me sale mal”) y le gusta pintar.

Micaela supo de Carlos de Amberes y de su fundación hace dos años cuando fue beneficiaria de uno de los talleres de verano que organizan para acercar el arte a los más pequeños y que la Fundación Mutua Madrileña ofrece gratuitamente a los familiares de sus mutualistas más fieles, como parte de su misión de acercar la cultura a sus asegurados y a la sociedad en general.

Tras la fachada clásica del edificio, que convive en la misma acera de Claudio Coello con edificios de mediados del siglo XX, todos los veranos vuela la imaginación entre las paredes de la Fundación Carlos de Amberes para convertirla en un lugar donde conviven el arte con la fantasía en los talleres infantiles.

Micaela recuerda su paso por este campamento urbano con arte como algo inolvidable. Un verano diferente donde, en tan solo una semana, concentró la experiencia que en otras circunstancias cuesta años reunir.

Cada verano, 140 niños hijos de mutualistas de entre 5 y 13 años disfrutan durante cinco días de un mundo de fantasía único, entre otras cosas, porque la temática nunca se repite. Los organizadores plantean una idea general para cada verano y cada semana lo adaptan a una época de la historia. El año que Micaela disfrutó del taller el hilo fue “Inventos en el Museo” que se concretó cada semana de manera distinta: instrumentos musicales, miniaturas, pintores, animales fantásticos… Concretamente, Micaela disfrutó de “Camino de la Travesía Polar”, un recorrido por los pasos de los exploradores que alcanzaron las regiones polares, la experimentación con icebergs, tormentas de nieve y otras leyes de la química: “Cogíamos un bol redondo, lo poníamos en el agua y cuando el profesor decía ¡ya!, el agua se paraba…Era magia”.

Magia en una semana que empezaba a las 10 con un desayuno, seguía con actividades, juegos en el recreo y ensayo para la función de fin de “curso” que representaron el viernes para todos los padres. “Hicimos los trajes con papel, un poco de tela, pintura…y representábamos a animales del Círculo Polar”.

“Me lo pasé mucho mejor que en el cole”, recuerda. La timidez de no conocer a nadie duró lo que tardó el primer niño en acercarse al de al lado el lunes a primera hora. Pronto hicieron piña. De los 40 niños que acuden al campamento cada semana se hacen dos grupos por edades. “Había niños pequeñitos, algunos hermanos de otros más mayores”.

El taller duraba toda la mañana, cuando llegaba la hora de irse, los sentimientos eran contradictorios: “¿Quería irme cuándo llegaba la hora? Sí y no. Me lo pasaba muy bien, pero ya tenía hambre”.

La finalidad de los talleres de la Fundación Carlos de Amberes es acercar el arte a los niños y a la vez, suponen un respiro para los padres que pueden ofrecer a sus pequeños un plan entretenido para combatir las mañanas calurosas del mes de julio madrileño.

Este verano el plan de Micaela será diferente, pero no por ello sueña con volver a un campamento como el de la Fundación Carlos de Amberes.

-Si pudieras elegir, ¿de qué te gustaría que fuera el campamento?

-De minerales.

Explica Micaela que para ella, los minerales “son preciosos y me gusta aprender cosas sobre ellos. Busco mucho en internet y en el colegio estamos haciendo un museo de piedras preciosas y naturales, tenemos hasta oro líquido”.

Y es que Micaela sueña con ser geóloga cuando sea mayor. “Me gustan tanto los minerales que le dije a mi madre que quería ser minera, pero me explicó que eso era recoger carbón, así que lo que quiero ser es geóloga”.

Una geóloga que recordará aquel verano en el que, sin salir de Madrid, llegó hasta el Círculo Polar.

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