Vidas Cruzadas

Una ventana abierta al futuro

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Vino con su familia a España desde Bolivia con tan sólo 12 años. Pasó de jugar en las calles de Cochabamba a las de Alcalá de Henares (Madrid). Como a cualquier chico de su edad, le gustaban el fútbol y los coches. Hoy, sigue igual de motivado: disfruta con el Real Madrid y trabaja en un taller de reparaciones de automóviles para ayudar a la economía familiar. A sus 22 años, Manuel Soria se propone aprovechar todas las oportunidades que la vida le ponga por delante.

Manuel Soria es uno de los pocos estudiantes en España que conoce las ventajas de una formación dual para la FP similar al exitoso modelo alemán. Siempre le gustaron los coches, así que al acabar la educación secundaria obligatoria, se decantó por un ciclo formativo de grado medio en chapa y pintura de vehículos. Estudiaba por la mañana en el instituto y por la tarde trabajaba cinco horas en una gran superficie como reponedor para complementar los ingresos de la economía familiar. Tantas tareas le pasaron factura. “No supe compaginar el trabajo con los estudios”. Repitió el primer curso, pero aprendió la lección: si algo tenía claro era que tenía que recuperar el año perdido.

El proyecto Jóvenes Profesionales que desarrolla la Fundación Mutua Madrileña en colaboración con la Fundación Exit y la Asociación de Talleres de Reparación de Madrid (Asetra) fue para Manuel Soria una ventana abierta al futuro.  El objetivo de este programa pionero es apoyar la formación práctica en talleres de automóviles de jóvenes estudiantes de formación profesional. Jóvenes como Manuel, uno de los alumnos seleccionados, cumpliendo así su deseo de aprender el oficio en un taller “de verdad” y, además, “llevar dinero a casa”.

Manuel entró a hacer sus prácticas en el taller Automatric en el año 2012. Después de salir del instituto, llegaba a casa con el tiempo justo para comer, descansar 15 minutos y hacer el trayecto de 30 minutos en autobús hasta el taller. Durante tres horas al día, de lunes a viernes, recibía formación práctica y vivía una experiencia pre-profesional becada. A veces, alargaba su jornada 15 o 20 minutos más, pero no le importaba. La secuencia del día le dejaba poco tiempo para hacer trabajos o estudiar, pero intentaba estar al día con el curso. El sacrificio merecía la pena. A diferencia de la experiencia laboral en el supermercado, ahora estaba más motivado. “Me siento bien después de reparar o pintar una pieza de un coche”. Trabajando con coches es donde más ha aprendido. Cuando mira hacia atrás en busca de la primera impresión que le causó su incorporación al taller, ve a un joven moviéndose prudentemente en un taller que nada se parecía al del instituto, atento a todas las explicaciones que le iba dando un encargado sobre cómo montar y desmontar un vehículo. “Al principio, sólo miraba, no tocaba los coches; poco a poco, me he ido soltando”.

Evaluación excelente

Los alumnos del programa son evaluados trimestralmente. El desempeño de Manuel Soria fue excelente desde el principio. Tenía ambición e iniciativa. Cuando llegaron las vacaciones de verano, Manuel comunicó a su jefe que, si le necesitaban, estaba dispuesto a trabajar. Le contrataron para esos meses. Al año siguiente, volvió al taller para realizar los tres meses de prácticas del segundo año del módulo de formación en centros de trabajo. Hoy, es un miembro más de la familia Automatric, e incluso hace de mentor con otro joven que disfruta la beca Jóvenes Profesionales. Tiene corta experiencia profesional, pero para Manuel, ayudarle “es un estímulo”.

Manuel Soria no tiene referentes en su entorno del mundo de los talleres de coches. Ha tenido el privilegio de recibir dos formaciones: la de la beca de la Fundación Mutua y la de la Formación Profesional de Grado Medio. Pero todavía le queda mucho camino por recorrer. “Me gustaría avanzar, pintar y hacer otras tareas de mayor responsabilidad”. Se considera bueno con los parachoques. “Me hice bastante rápido con ellos, los reparo bastante bien, en poco tiempo”.  Pensando en el futuro, se atreve con otros trabajos. Le interesa la mecánica de los automóviles, también la posibilidad de dar clases como experto en programas de formación. “Siento vocación por enseñar a otros”. No cierra ninguna puerta: ingresar en el Ejército (desde pequeño le atrae la vida militar) o labrarse un futuro en otro país europeo.

En estos momentos, Manuel está tramitando la nacionalidad española. Su vida está aquí, con su familia, que no atraviesa precisamente una buena situación, su trabajo y sus amigos. Le gusta el ejercicio físico, antes jugaba al fútbol –es seguidor del Real Madrid-, pero hace unos meses decidió reservarse para él los fines de semana. Ahora ha sustituido el deporte rey por el gimnasio al salir del trabajo. “Me doy una paliza, pero me sienta bien”.

La beca de la Fundación Mutua ha sido una motivación. “Si no hubiera hecho las prácticas, no tendría los conocimientos que tengo, que no pueden compararse a los que adquieres en el instituto. Conozco a compañeros que han hecho prácticas en empresas y no han aprendido lo que he aprendido yo”. Repasa la lista de la veintena de alumnos con los que ha compartido clase y no cree que hayan conseguido trabajo más de tres. En el taller es el más joven, aunque sabe que llegará un momento en que además de formación académica, tendrá experiencia.

 

 

 

 

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