Vidas Cruzadas

El despertador de Vicenta Gullón suena a las 9 de la mañana. El día para esta mujer de 84 años empieza como el de muchas otras personas de su edad: sin prisas. Pero un día a la semana, Marta Blanco irrumpe con sus experiencias y anécdotas y pasan dos horas juntas. “Me ha cambiado la vida”, afirma Vicenta.

Marta es voluntaria de la Fundación Amigos de los Mayores, que tiene como objetivo paliar la soledad, el aislamiento y las carencias afectivas de las personas mayores que viven solas, con la que colabora la Fundación Mutua Madrileña.

La asociación quiere cambiar la realidad de estas personas. Entre otras actividades, les acompañan en su domicilio, cada quince días les invitan a merendar al local de la entidad para que se relacionen con otros mayores y voluntarios, organizan fiestas y en Navidad, en San Isidro y en verano se las llevan unos días de vacaciones.

No es el primer voluntariado de Marta, es una experta en ayudar a los demás en temas de salud, su campo –es veterinaria-. Ha sido voluntaria en África y ha trabajado también con personas con discapacidad en Inglaterra. La suya es una elección sencilla: “Tengo tiempo y ganas”. En España, ha canalizado su búsqueda hacia los mayores. Le encanta estar con ellos, seguramente por el afecto profesado a sus abuelos, una de las mejores cosas de su vida, recuerda.

En los dos años que lleva acompañando a Vicenta, las dos mujeres han establecido un vínculo de confianza resistente a los problemas de convivencia. Por su parte, Vicenta, vecina de muchos años del distrito de Arganzuela, añade: “lo pasamos pipa”, y la voluntaria lo tiene claro, si va a acompañarla dos horas a la semana es para pasarlo lo mejor posible.

Llevan dos años juntas, pero a Vicenta le parece toda la vida. Considera que Marta le hace un “favor inmenso”. El tiempo que pasa con ella, no ve a la voluntaria sino a una hija más, pero confiándole las cosas que no cuenta a sus hijos. Marta, por su parte, se siente un poco hija cuando la riñe: “La regaño mucho”, dice. Y Vicenta responde: “lo pasamos muy bien”.

Vicenta a la artropatía suma los mareos que le causan las cervicales al oprimir las arterias. Con ánimo, gimnasia y baile ha plantado cara al dolor. Tuvo que renunciar a su gimnasia hace un año, pero todavía se atreve a bailar en las fiestas que organiza Amigos de los Mayores. “No paro de bailar”, dice Vicenta. La de Navidad “es la bomba”. Ahora, no puede salir sola a la calle. “Tengo miedo a las caídas”. Cuando sale a pasear o al centro de día, le acompaña una persona contratada por sus hijos. El cole es para ella una gran distracción. Entre el centro y las visitas de Marta, llena su tiempo.

La Fundación Amigos de los Mayores organiza salidas de un día, pero Vicenta nunca quiere apuntarse, revela Marta en tono de regañina. Le recuerda que se está perdiendo excursiones a Faunia o a Aranjuez.

La Fundación depende mucho de los voluntarios para llevar a cabo sus actividades y Marta colabora encantada. Las reuniones con otros mayores y voluntarios son una ocasión para hacer lazos de amistad “increíbles”. Para ella, solo por eso merece la pena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *