Quince de cada cien personas con trastorno del espectro autista (TEA) han intentado quitarse la vida alguna vez. Treinta y siete de cada cien lo han pensado. Son, muchas veces, jóvenes que llevan años esforzándose por parecer como los demás, que reciben tarde su diagnóstico y cuyo sufrimiento no siempre se ve a tiempo.